Adoro fumar opio, ¿y qué?

Opio Deporte

Tan solo tres palabras necesitó mi madre en esa mañana de domingo que estrenaba el mes de febrero. “Ganóoo, partido sensacional!”. Fue más que suficiente. Rafael Nadal se había convertido en el primer tenista español en vencer el Open de Australia. Cerré el puño de alegría, imaginé la ceremonia de premios por un rato y tardé en abandonar la sonrisa durante unas horas.

Nadal Australia

¿También en Australia? Único (Agencias)

Yo permanecía en el mismo Brasil en el que había comenzado el día, la misma ciudad donde había tomado el desayuno un par de horas antes y solo un par de calles más allá del cibercafé que logré asaltar durante el tiempo que mis compañeros tardaron en pasar del “qué gracioso” a “qué puto maldito pesado”. Pero repentinamente me sentía más feliz. Una excitación y alegría inconscientes me invadían incontrolablemente.

No puede decirse que sea un gran tenista. Apenas sí he jugado dos o tres partidos con amigos y sólo puedo presumir de no tirar la pelotita fuera más de 20 veces por cada 21 golpes. Tampoco tengo ninguna relación familiar o de amistad con Nadal, no hemos compartido ni media caña y nunca se ha interesado por añadirme a su Facebook. Pero su victoria en las antípodas me alegró el día, como si yo mismo hubiera sido el que había corrido durante más de cuatro horas en la pista Rod Laver. Nadie me entregó ninguna clase de trofeo ni recibí cheque alguno. Ni falta me hizo. Es evidente que yo amo el deporte, me encanta la competición. Adoro quedarme extenuado corriendo detrás de un balón o retar a mi corazón bajo la presión de un partido emocionante. Y entiendo perfectamente que no todo el mundo comparta este don (deténgase el lector ante el término usado), pero tampoco voy a aceptar las críticas sin presentar batalla.

Tres palos y un balón

Tres palos y un balón (RCH)

“El opio del pueblo” es el término niégalo-y-serás-un-ignorante que prevalece socialmente para referirse a las competiciones deportivas profesionales. Se encuentra dentro del inestable campo de la neo-reflexión egoísta que abarca toda una serie de ideales irrefutables, salidos de las mentes desconocidas más prodigiosas para presentarse como patrón único a seguir por todo aquel que quiera incluirse en el grupo de los intelectuales, sabios, modernos, preparados, solidarios, concienciados, activistas, rebeldes y demás términos en los que a uno le gustaría verse incluido de alguna manera.

El deporte profesional es una lacra estúpida que enriquece a personajillos insignificantes y ciega la capacidad de reacción sociopolítica de la población. Así está escrito y así ha de mantenerse, porque las evidencias son tan obvias que resultaría ofensivo (o ignorante, claro) oponerse a este liderazgo ideológico de las clases pensantes. Mentira. Y además de no ser cierto, es una injusticia que ha salido del seno de una clase acomodada con tiempo para imponer sus conceptos irrefutables sobre el bien y el mal. Déjame intentar explicarte mis diferencias entre conocer… y conocer. El porqué alguien puede agotar sus existencias de adrenalina en una noche de baloncesto o sufrir por la derrota de alguien con el que jamás compartirá una palabra.

No estoy ciego. He tenido la enorme fortuna de recibir una educación, compartir opiniones y descubrir un poco aquello que me rodea. Es cierto que no soy ningún sabio, pero el intelecto me da, por ejemplo, para saber en qué se basa un deporte como el fútbol. Sé, como tú sabes, que son 22 tíos sobre un campo de hierba intentando introducir un esférico en una red atada a tres palos. Podrían haber sido 43, jugar sobre un campo de leche condensada junto a un balón triángulo isósceles y con la misión de ver quién se tira la flatulencia más sonora. Es indiferente la complejidad del juego creado. O, mejor dicho, esa es su grandiosidad.

¿De verdad crees que esto es culpa de una pelota? (Anónimo)

¿De verdad crees que esto es culpa de una pelota? (Anónimo)

Imaginaros una piedra de río. Pero una de esas feas que fruto del contacto con el agua parece que estemos tocando un sapo disecado. Un día, alguien descubre que ese repugnante trozo de roca produce las más intensas emociones con tal sólo aproximarlo a nuestra piel. Como hacer el amor pero sin los efectos colaterales del cigarrillo. Todo el mundo haría lo que fuese por tener una de esas asquerosas piedras, la gente las compraría por quilos y sus descubridores tendrían tales beneficios que podrían conseguir hasta que George Bush volviese a la Casablanca (ah no, eso ya pasó, disculpa). Esa piedra de tacto anfibio ya existe. Se conoce como deporte.

¿Me dices que el dinero que genera es una humillante demostración de la desigualdad social existente? Te lo acepto. Así sucede también con obras de arte, grupos de música y producciones literarias. ¿Nos los cargamos a todos? No culpes al deporte de vivir en un deshumanizado sistema capitalista. ¿Me comentas entonces que es el origen de violencia sin control y brutalidad fanática? Grave error por tu parte. Las bestias deficientes que acuden regularmente a ciertos eventos deportivos no han nacido en las canchas de juego. Son tan solo mutaciones seudohumanas que liberan su estupidez cavernícola allí por donde pasan. Una mezcla fatal entre manipulación psíquica e inferioridad social, producto exclusivo de una falta de personalidad infinita de la que Ronaldinho o Michael Jordan no tienen culpa alguna ¿Te atreves entonces a referirte a la banalidad del juego en sí, y la inocua función social de sus resultados? Ahí es donde se encuentra el egoísmo aburguesado al que antes me refería.

ALEGRÍA. ¿Alguien da más por menos? (EFE)

ALEGRÍA. ¿Alguien da más por menos? (EFE)

Es posible que tú no poseas ese don (deténgase nuevamente en el término). Quizás esta piedra no te produzca mayor efecto que el de cualquier otra que encuentras tirada por las calles. Lo siento, sinceramente. Pero no es justo que respondas a tu invalidez sentimental condenando a aquellos que sí sentimos la necesidad de saltar con cada jugada, de cabrearnos con las derrotas o de abrazar al primer extraño que pase tras un éxito memorable. La gente necesita estímulos que asfalten el camino que están llevando a cabo.

Y nunca ha importado si estos son reales o imaginarios. Así ha sido desde nuestros orígenes con todo tipo de religiones o filosofías existencialistas. Así todavía sucede hoy en día con largometrajes, videojuegos, novelas, teatro, televisión… y un sinfín interminable de emociones nacidas de lo irreal para reactivar intensamente nuestra capacidad perceptual y la propia manera de ver nuestras vidas. Analicemos un ejemplo entre mil: ¿quién es el ingenuo que puede creer que en el caso de que España no hubiese ganado la Eurocopa, la gente se hubiera echado a la calle en masa para protestar por sus derechos sociales? Ni lo sueñes. En cambio, un triunfo así democratizó durante unos días a toda una sociedad. Permitió al millonario y al desgraciado compartir la misma alegría, situarse al mismo nivel emocional. Esa piedra era la misma para todos, al alcance de cualquiera que así lo desease.

Amar el deporte no significa vivir cegado a las injusticias, y no es privando de anestesia al pueblo como se van a lograr los triunfos políticos. Esa lucha no se juega en un estadio de fútbol, ni en un circuito de fórmula 1, ni en una piscina olímpica. Nuestra incapacidad organizativa a la hora de garantizar una vida digna no tiene más explicación que la inutilidad sangrante del ser humano para alcanzar la igualdad social. El resto son excusas intelectuales, hipocresía sin valor alguno. Es cierto que yo no gané aquel Open de Australia. Ni llegué a ver el partido ¿Y qué?

Anuncios
Esta entrada fue publicada en El legado de Olimpia y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s