El Barça de las seis copas

Hay historias que merecen la pena más allá de su contexto natural. Leyendas que consiguen expandirse esquivando su importancia real y conquistando las mentes más escépticas. Gracias a su compleja sencillez, siempre dependiente del trivial comportamiento de un balón maltratado a patadas, los seis títulos del Barça en este agonizante 2009 ya son miembros de honor del apasionante club de las emociones humanas.

Quién podría vaticinar que aquella victoria psicológica de Pinto sobre Martí, cuando el invierno luchaba todavía por no derretirse, iba a significar el primer paso de un cuento tan rocambolesco como espectacular. Ha sido un camino plagado de instantes, de detalles, de nombres, decisiones y casualidades. Momentos en los que, cual sufrido lechero ante las restricciones de la UE, los aficionados barcelonistas han derrochados litros y litros de adrenalina en un frenesí inigualable de tensión ‘made in Hollywood’.

Tan solo con que Andrés Iniesta hubiese no estado en ese preciso minuto y en ese preciso lugar en aquel descuento trágico de Stamford Bridge (el ‘GOL’ del 2009), nada de esto hubiera existido. Así de simple, democrático y maravilloso es el deporte.

¿Y qué decir del señor Pedro? Saliendo de la chistera cuando todos creen muerto al conejo. Agazapado entre los arbustos esperando ese momento de relajación para dar caza a su confiada presa. Récord de leyenda dejando su huella en cada una de las competiciones. Y es que el canario lo hizo una vez y le gustó. Así que repitió otra, y otra más, y de nuevo y, ya puestos en faena, ¿por qué no una última? Tanto disfrutó que terminó jubilando a la ‘brujita’ con su última picadura letal, atacando de nuevo en ese minuto donde el gol, más que un acto de júbilo, es un orgasmo feroz de sentimientos sin explicación coherente ni necesidad de ella.

Aficionado o no, es imposible no sentir en el ambiente ese olorcillo privilegiado a proeza única, a hecho sobrenatural rápidamente mitificado. El júbilo que el Fútbol Club Barcelona ha generado en tan solo diez meses merece el máximo respeto existencial, y lo cierto es que resulta hasta fatigoso tratar de explicarlo si el receptor carece del sentimiento y pasión necesarias. Y ni falta que hace. Algún día, alguien se sentará al borde de una mullida cama y aceptará volver a contar nuevamente aquello de ‘érase una vez un hombre al que conocían como Josep Guardiola…’, y el feliz oyente volverá a imaginarse a un equipo guiado por dos enanos geniales, fortalecido con siete, ocho o nueve canteranos y magnificado por una ‘Pulga’ de exquisita calidad técnica.

Se olvidarán los fanatismos promocionados por la insufriblemente parcial prensa deportiva española y las ‘politicutradas’ varias acontecidas. El tiempo será el responsable de proteger y agrandar la belleza de esta narración épica, capaz de tocar la fibra a cualquier honesto amante del deporte. Seis títulos en un año, victorias agónicas, triunfos más que holgados, Unicef como patrocinador de honor y Messi marcando con el escudo en el centésimo décimo minuto para abrazar el éxito en el año 110 de la historia blaugrana. En el cine no resultaría creíble. Pero ha sido tan cierto como las lágrimas de ese entrenador novel tras encumbrar al club de su corazón. Tan especial como el ‘Barça de las seis copas’.

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