50 picogramos

Me desperté sobresaltado. La melodía de mi móvil anunciaba la llegada de uno de esos puñeteros mensajes intempestivos, y sufriendo para separar el abrazo de mis párpados, alcancé a duras penas el N85 sobre la mesa. “Contador positivo en el Tour”. SMS conciso y brutalmente inesperado. ¿Estaría ya despierto? Quién sabe, lo cierto es que difícilmente sería una gran noche.

Pronto la maraña mediática se hizo eco de lo que sería la noticia deportiva del día. El mejor ciclista de los últimos tiempos había presentado un “resultado anormal” en uno de sus análisis rutinarios en la ronda gala. Se te cae el alma al suelo. A perro flaco todo son ‘dopings’, y el ciclismo es un deporte en estado terminal. Y visto lo visto, en ocasiones como esta, no es de extrañar.

La UCI sacó a la luz el caso bajo un comunicado escueto en su página web. Alberto presentaba en su sangre 50 picogramos de clembuterol en un análisis llevado a cabo el 21 de julio (segundo día de descanso del Tour de Francia). Las dos ruedas siguen pareciéndose más a un vademécum andante que a una disciplina deportiva.

Más allá del sensacionalismo productivo que el ciclismo parece generar ante este tipo de casos, la ridiculez integral de la situación en sí (p-i-c-o-g-r-a-m-o-s), representa fielmente el clima de hipérbole esquizofrénica bajo el que vive el mundo de la bicicleta. Nos estamos habituando de tal manera a ensuciarlo que parece que no hace falta mayor explicación que la palabra dopaje. Pero, ¿esto afecta o no al rendimiento deportivo? Vayamos por partes.

El clembuterol, según los expertos, es un broncodilatador cuya mayor repercusión para un atleta se centra en la pérdida de peso. Ante una cantidad que roza la estupidez científica, pensar que Alberto ha logrado el ‘maillot jaune’  favorecido por los efectos de este elemento raya el amarillismo más descarado. Además, el líder del Tour está sometido a un control exhaustivo diario. ¿Dopaje sólo para el día de descanso? Ni cuestiones maritales podrían justificarlo…

El hecho de que la noticia aparezca setenta días después confirma la propia desconfianza de la UCI ante un sistema que roza la humillación para el deportista. Si además de la caza de brujas constante, los ciclistas deben soportar la incomprensión ante cifras intrascendentes, al final los corredores harán bien en vivir en burbujas aisladas y sorberse sus mocos (esterilizados) como nutriente único.

Se está hablando con fuerza sobre un posible positivo de Ezequiel Mosquera. Golpe mortal para el Xacobeo y nueva tragedia para el mundillo. Eso sí, no confundamos términos. Una cosa son hechos contundentes (por demostrar a esta hora de la mañana) y otra es que un simple alimento, antihistamínico o demás parafernalia inocua pueda arruinar tu carrera deportiva. El exceso de celo puede ser tan condenable como la falta del mismo.

La rueda de prensa de Alberto Contador refleja la impotencia del que se sabe indefenso. “Es como si te condenan a la silla eléctrica y no puedes decir nada” Exageración comprensible para un corredor que, independientemente del resultado de este proceso, se verá afectado anímicamente por la sombra de la duda durante toda su carrera. Y todo, por 50 picogramos.

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