El torneo del K.O.

Antes de escribir la columna de esta semana, me di un pequeño paseo por la telaraña mediática nacional. Además del fallecimiento del pobre Paul (se tercia minuto de silencio en la próxima jornada, ¿no?), dos cosas atrajeron mi atención. En primer lugar los senos modificados de la señora Rooney. La noticia, quería decir. Una de las más seguidas por los usuarios, lo cual podría explicar por qué España es el único país donde ‘Gran Hermano’ ha alcanzado la duodécima edición. Cuando nos ponemos, somos únicos.


La otra se repetía en la esfera deportiva mundial. Las casas de apuestas, poco amigas de perder cuartos, dan a Sneijder como principal favorito para llevarse la primera edición del mixto gabacho-blatteriano conocido como FIFA Ballon d’Or.  Como la poca razón que conservo no me alcanza para comprender teorías absurdas, no me detendré demasiado en ello. Ahora bien, como el 10 de enero del próximo año vea al holandés alopécico recoger el trofeo en Zúrich, prometo que yo mismo financiaré la candidatura de Belén Esteban a las próximas elecciones. Por aquello de combatir incongruencias con despropósitos. Y ya que empezamos las quejas, vale que el Mundial marca el año, pero lo de Milito fuera de la lista es sangrante.

Total, que entre los pechos de una inglesa y las cábalas desconcertantes del Balón de Oro, casi mejor me quedo con la Copa del Rey. Me encanta este trofeo. Desde el principio hasta el final. Lo que para los clubes acaudalados es un marrón protocolario con altas posibilidades de ridículo, en las pequeñas aficiones se transforma en unas navidades anticipadas. Me parece de cobardes el hecho de que ya en una ronda adolescente como son los dieciseisavos, las eliminatorias se tengan que decidir a doble partido y con la vuelta en casa del rico. Deberíamos de aprender de otras federaciones y sus espectaculares enfrentamientos entre David y Goliat.

En España siempre nos queda el Madrid y su gafe copero para ponerle miga al asunto. ¿Se imaginan una ronda de penaltis en la Nueva Condomina? La diversión crecería exponencialmente, y hasta es posible que Benzema se molestara en echar la carrerita hacia el punto fatídico. Pep se llevó al Barça B de paseo en helicóptero y le salió bien la jugada. Es normal. Dos categorías de diferencia confunden a las estrellas. Es como jugar contra tu hermano pequeño, y no acabas de meterte nunca en materia. El Sevilla y el Atlético, que de Copa saben un rato, no anduvieron con medias tintas. Dos goleadas y a evitar escándalos.

Me apetece un Barça – Madrid en rondas finales. Serviría para disfrutar de un enfrentamiento magnífico y ensalzar al mismo tiempo un torneo, que a pesar de sobrevivir bajo la duda y desprecio de aquellos que más le temen, sigue siendo la auténtica fiesta nacional del balompié patrio. No hay partido que tenga un contexto comparable a la Copa del Rey, el único trofeo que reúne a las tres categorías más importantes del fútbol español. Una copa tan accesible como intransigente. El bien llamado ‘torneo del KO’ continúa firme su paso frenético, y sería una insensatez perderse el espectáculo.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en El legado de Olimpia y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s