Trastorno bipolar en el doble ‘Clásico’

Con sendas goleadas fuera de casa, Barça y Madrid han ratificado el monopolio compartido extendiendo su poder hasta una Europa en horas bajas.  Dos nuevas demostraciones que se unen al enésimo esperpento goleador sufrido en la última jornada de Liga hace sólo unos días. Basándonos en el hecho de que la gran mayoría de aficionados simpatiza con alguno de estos dos clubes, aquí todos contentos y las quejas a Del Nido.

La dictadura de estas dos entidades roza lo estúpido e indecente, en un campeonato que se nutre exclusivamente de los pectorales de Cristiano y la habilidad de la ‘Pulga’. A los medios nos viene bien, la gente se conforma con lo que tiene y las victorias, por muy artificiales que resulten, siguen contentando semana a semana a unos seguidores poco aficionados al sufrimiento. De nada importa el humillante reparto de beneficios audiovisuales, ni los derroches constantes de directivas que parecen vivir en un mundo paralelo. Mi equipo gana = el sistema funciona.

Menos mal que este domingo la bipolaridad adquiere su cariz más intenso con el retorno esperado del gran ‘Clásico’. Dicen las malas lenguas que el Barça – Madrid se ha movido de fecha por asuntos políticos. A mí modo de ver el deporte, han evitado el sacrilegio de superponerse a uno de los Federer – Nadal más esperados . Todavía no están ni clasificados para semifinales, y posiblemente ante una final Murray – Berdych este texto se transformará automáticamente en panfleto inservible, pero las ganas de volver a verlos enfrentados a su máximo nivel merece el riesgo.

Porque vaya ‘Masters Cup’ nos están ofreciendo las ocho mejores raquetas del año (enhorabuena una vez más a la televisión pública por su apoyo constante al tenis o al motociclismo, entre otros). En lo que nos toca, la garra de David Ferrer nos ha deleitado con dos partidos épicos de los de antes, donde uno se sentía orgulloso sólo con ver a nuestros tenistas en pista. Muy grande el de Xàbia. Por delante, como siempre, el mejor deportista español de la historia. Nadal es siempre un cuento con moraleja de sabor a refranero chino, un deportista que inspira a base de fuerza, precisión y constancia.

Roger está de vuelta. Y con él, el tradicional reparto de poderes al que nos han acostumbrado estos últimos años. Pero no quieran compararlos con los de la pelota grande. Esto es un deporte individual. Aquí nadie ficha con talonario, y el dinero llega a muchas más manos de las que salen por televisión. El otro ‘Clásico’, ese del infinito ‘partido del siglo’, aterriza el lunes a modo de final a doble partido en un campeonato de 38 jornadas. El otro día presté atención al gurú deportivo moderno, las casas de apuestas. Le daban las mismas (escasas) posibilidades de ganar en el Camp Nou a todo un Villarreal (tercero en la tabla) que al Sporting de Preciado contra el Madrid. Nada que añadir. Quizá algún día aparezca algún Juanín García futbolero que, al igual que el extremo leonés ha conseguido con el Ciudad Real, rompa un dominio frustrante. De momento, y es lo que nos queda, disfrutemos con el breve combate.

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