¡Qué cuelguen a Del Bosque!

El pueblo anda enfurecido. A pesar de estrenar camiseta, acabamos desnudos ante una Portugal que nos ha dejado con un final de año un tanto desconcertante. Cuatro goles, cuando menos, molestan. Sobre todo si llegan repetidos.

Con la derrota encajada en el Monumental todavía sobrevolando Las Rozas, la Selección ha ofrecido hoy un triste debut al deslumbrante escudo de Campeón del Mundo. De equipo con estrella a estrellados en un par de encuentros amistosos donde además de lesionados, España se ha ganado unos correctivos exagerados.

Pero no es momento de conclusiones insustanciales. Ahora toca coger aire profundamente y mirar en perspectiva. Desde las sombras ya se vislumbran los primeros buitres acechando la accesible tribuna de la crítica deportiva. Todavía remolones, pero con la sangre hirviendo y preparados para desacreditar uno de los mejores equipos en la historia de este deporte. Nadie se enamora de la derrota, pero la exageración puede ser una amante todavía más perjudicial.

“Peor no se puede jugar”, declaraba Vicente Del Bosque todavía sobre el césped del estadio da Luz (dicho sea de paso, con un lamentable aspecto en sus gradas). Es innegable la falta de ritmo que ha expuesto ‘la Roja’ en los partidos posteriores al imborrable triunfo de Sudáfrica. La gran mayoría de sus titulares todavía acumula un cansancio físico importante, y la agresividad y ambición de sus rivales muchas veces ha desbordado el juego de toque de la Selección. Cuando llegas a la cima, eres el objetivo preferido, la víctima de más renombre. La Copa no está en juego, pero parece que un trozo de su prestigio se subasta con cada partido que disputa su dueño.

Es posible que nos haya pillado a contrapié nuestro nuevo estatus, y tras la descarga de adrenalina sufrida en el ‘Soccer Stadium’ nos esté costando contrarrestar la energía de unos contrarios especialmente motivados. Hay que corregir estas pequeñas deshonras lo más rápido posible, pero sin el alarmismo tan frecuente que reina en la opinión social española. Vicente no es un hombre que se venda a ningún jugador ni estilo, y su capacidad para manejar vestuarios de ganadores está más que demostrada. Ha tragado con estos actos de recaudación y promoción ‘made in Villar’ como mejor ha podido, y la confianza en su saber hacer no debe quedar en entredicho por dos anécdotas que serán carnaza exclusiva del estadista fanático.

Mismo discurso para los jugadores.  Construir un grupo de este nivel es casi un acto milagroso. Destruirlo a base de rencillas y preferencias entre clubes es de mentes perjudicadas. La Selección necesita tiempo para protegerse de ella misma y todo su entorno triunfal. Vendrán caras nuevas y saldrán jugadores, como siempre ha sido. Pero todo a su tiempo y sin perder la calma. Estas derrotas son alegrías efímeras para quienes no han conseguido alcanzar la gloria. Disfrutemos también de vez en cuando del placer exclusivo de ser los Reyes Magos de aficiones hoy en día menos afortunadas. El resto, llegará solo.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en El legado de Olimpia y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s