Mourinho Vs Valdano. Round 1. FIGHT!

Dicen los paisanos que las chispas que saltan desde Valdebebas se pueden ver a kilómetros de distancia. Dos maneras de entender el fútbol han ratificado su mutuo desagrado en un cruce de declaraciones tan innecesario como conflictivo. Mourinho, como decía el anuncio, tampoco las sufre en silencio (las rabietas, entiéndase). “Soy muy mayor para recibir recados por la prensa”. Lo suyo con los medios está visto que es todo dar.

El asunto del ‘nueve’ perdido ha destapado lo que ya en época estival era un obviedad. Entrenador y  director general no se soportan, y la inestabilidad jerárquica es más evidente que nunca. ‘The Special One’ ya avisó tras sus ‘trece mandamientos’ arbitrales que no se sentía querido. Y el portugués reclama cariño a su manera.

En Almería no tuvo reparo en poner a Kaká como hombre más adelantado. El brasileño, sin fondo físico y en una posición poco habitual, sirvió de conejillo de indias para enfatizar el cabreo del técnico madridista. Para hoy, Morata ya ha sido enviado a recoger flores al campo, y más de uno espera que Benzema siga desarrollando sus glúteos en el banquillo.

José Mourinho es un entrenador brillante, pero ha adquirido tal afición por la queja indiscriminada, que ha llegado a Madrid con las pilas sobrecargadas. En contra de lo esperado, Jorge Valdano se ha propuesto mantener el pulso, y cada día se está adaptando con más fuerza al papel de contrapeso en un juego de poderes poco saludable. La imagen del Real Madrid sufre a cada expediente recibido, y desde el palco se empiezan a preguntar sobre la conveniencia de dar carta blanca a un técnico que no puede / quiere dejar de ser el gran protagonista.

Es leyenda popular aquello de que Mou absorbe fama por el bien de sus jugadores. No está mal como razonamiento heroico. Si no lo repitieran hasta la saciedad, hasta podría pensarse que le gusta (¡disparate!). En esta época de gloria deportiva nos hemos acostumbrado a vencedores humildes y cercanos. Y sería bueno que así siguiese. Sea una máscara o sea un espejo, queda feo. Sea una actitud personal o sea una hipérbole mediática, queda feo. No valen excusas. El Real Madrid no está agradecido por tener a Mourinho en su banquillo. Si acaso, lo contrario. Desde ahí se podría cambiar el rumbo. Eso sí, si hubiera que elegir, por el bien del fútbol en general, que gane el argentino.

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