Barça – Madrid: la Copa se da un homenaje

Dos veces al año no son suficientes. Y en fútbol, claro está, tampoco. La final soñada es ya una realidad y en abril nos espera el enésimo duelo entre las dos superpotencias del balompié nacional.  La satisfacción se ha repartido mucho mejor que la lotería navideña. El partido servirá para revalorizar una preciosa competición en ocasiones menospreciada, permitirá al séptimo clasificado de la Liga acceder a Europa e incrementará generosamente las arcas de la Federación. Todo un chollo.


En el fondo, no trate de engañarse, nos gusta. Es más, lo necesitamos. Nos pasamos medio año despotricando contra un insípido y monótono campeonato bipolar, pero donde se ponga un ‘Clásico’ que se quiten el resto de aspirantes. Asimile con cautela el calendario, porque el empacho de 2011 puede ser antológico. Ya están programados cinco encuentros entre blaugranas y merengues (dos de Liga, la final de Copa y el ida/vuelta de la Supercopa), y entremedias toda una Champions esperando turno pacientemente. Biodramina, por favor.

Ha sido un torneo radicalmente diferente para cada finalista. Paseo de domingo veraniego para un Barça con rivales que, exceptuando un bravo Athletic, demostraron no tener armas suficientes para contrarrestar la precisa maquinaria azulgrana. En la Castellana el esfuerzo fue notablemente mayor, a base de victorias trabajadas ante clubes de mayor entidad. Alegría en el Bernabéu por retornar siete años después a la gran final de la Copa del Rey, pero temor subcutáneo ante otra prueba de fuego contra el máximo rival.

La estadística reciente entre los dos equipos es demoledora. En Mestalla (máxima candidata para albergar el duelo), no se disputará un partido cualquiera. Una victoria blanca ayudaría a curar heridas modernas y recomponer la imagen del club. Por contra, un triunfo blaugrana podría elevar las cotas de frustración hasta límites nunca antes vistos. Una oportunidad / castigo única que tendrá además efectos colaterales en el resto de competiciones.

Así de bonita es la Copa. Un campeonato tan grande que invita a representantes de las tres divisiones más importantes de nuestro fútbol. La fiesta por antonomasia del balompié español, que tendrá el 20 de abril un broche inmejorable. Al contrario que Cifu en la canción de los Celtas Cortos, a nosotros la melancolía nos la han quitado de repente. Barça -Madrid. Final de la Copa del Rey. Por fin.

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