Nada me sorprende viniendo de España

Y tan pancho que se quedó el irlandés. Con la frase que da título a la columna de esta semana, el presidente de la Unión Ciclista Internacional, Pat McQuaid, mostraba su decepción por la resolución del caso Contador. El de Pinto ha sido absuelto y ya está en el Algarve encima de su bicicleta. Triunfa la lógica frente a la propaganda.

Nadie va a salir beneficiado de esta telaraña de confusiones y dudas. Han sido más de cuatro meses desde que los medios internacionales recogieran una filtración explosiva: al tres veces campeón del Tour de Francia se le habían detectado 50 picogramos de clembuterol. Poco importaba ya el significado de palabra alguna. Los tiburones olieron sangre, y exigían a su presa.

A la UCI se le fue de las manos desde un primer momento. En un deporte herido de muerte, que la máxima esperanza del ciclismo cayera en el pozo del dopaje era más que trágico. Más aún con las cantidades inocuas que se barajaban. Cualquier otra modalidad deportiva hubiera sabido defender sus intereses. Esperar a las alegaciones pertinentes y evitar que el chapapote mediático dañara todavía más a las dos ruedas.

Pero si algo comparten los dirigentes que manejan el ciclismo es su inutilidad desbordante, y desde Suiza se envió por correo urgente a la Federación Española la responsabilidad de actuación. ¿Alguien le encuentra sentido? La institución debía juzgar a su propio corredor. Por un lado, la presión internacional exigiendo los dos años de sanción para el madrileño, porque castigar a tus hijos es señal de seriedad y buen hacer. Por el otro, todo un país enrabietado por ver caer a un héroe sin explicación científica coherente.

En un ambiente caótico, la RFEC optó por la decisión salomónica. Un año y todos contentos. Pero Contador no iba de farol en su argumentación, y jugándose un castigo mayor, puso contra las cuerdas a la Federación clamando por su inocencia. Dicho y hecho. Revés espectacular y la pelota de nuevo en el lado de la UCI. Ahora Pat y demás familia patalean cual bebé destetado. No quieren ser los responsables de condenar a su joya más brillante. Ni cargar con las acusaciones internacionales ante una absolución del de Pinto.

En casa, comienza  a brotar una tendencia al acojonamiento integral en los formadores de opinión. El miedo es que estos juicios afecten negativamente a toda la ristra de triunfos españoles de los últimos tiempos. Paparruchas. Los deportistas serán ibéricos, pero los sistemas antidopaje son internacionales.  Ya saben, al tramposo ni agua. Ahora bien, al que se pase de listo, ni el vaso.

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