Hay que ser gilipollas II: Abidal anula la escoria

¡Qué sí, coño! ¡Qué la mayoría hable y las cucarachas escondan la cabeza! De repente, el Bernabéu puso en su marcador la imagen de Eric Abidal, y los aficionados merengues ovacionaron al francés silenciando con sus palmas el odio minoritario que tanto daño nos hace a todos. ¡Olé! Fin esperanzador a una semana terrible.

El Real Madrid sospecha que la Selección ha ganado dopada el Mundial de Sudáfrica” ¿No les suena dantesco? Y luego uno va y lee cosas por aquí, y por más allá . Y claro que esta gente lo hace con todo su amor y cariño a esta tierra, dejándolo caer sin mala intención. Pero, ¿no le desmoraliza que la incongruencia pueda atacarnos desde casa?

Que sí, que vale (una vez más). Que lo entiendo. Barça – Madrid. Madrid – Barça. Y que se pare el mundo. Ahora además se han cambiado las tornas. Ya hablábamos la semana pasada de los Ovrebos, y ahí están los calendarios y demás familia, pero estas asociaciones crueles me producen gota neuronal.

El discurso de Juan Antonio Alcalá, otra víctima de la atractiva exclusiva, me pareció tan inoportuno como al resto del mundo. Pero el hablar del periodista revelaba la emoción del que se sabe informador de un bombazo mediático, no del que escupe por el simple placer de contaminar al personal ¿Usted se lo cree o no? En realidad, ahora ya no importa.

Lo indiscutible es que 24 horas después el Madrid comenzaba a convertirse en la cara mala del ‘thriller’, y el silencio del club blanco dio a entender lo mismo que Mourinho en sala de prensa. “Ni entiendo, ni quiero entender”. Como Cruz y Raya, vamos.

Qué personaje este Mou. Da para escribir unos cuantos libros, aunque parecen que le tiran más las autobiografías. Es un entrenador excepcionalmente competente, pero descaradamente egocéntrico. Ha venido a conseguir su trofeo en otro campeonato grande. Cuando lo haga, y no lo esconde, emigrará de nuevo a Inglaterra, donde la ‘orejona’ todavía se le resiste.

El club merengue ha recurrido a un sicario para acortar terreno con un Barcelona que repite en color la supremacía absoluta del Madrid de los cincuenta. Mourinho ha plegado hasta las rodillas del señor Flo. Apasionante demostración de divinidad auto-construida. En este país la disonancia da pánico. Si no crees lo que yo creo, ni te molestes en acercarte. Por eso, un personaje como Mourinho es especialmente detestable en un entorno enrarecido de por sí. Fanatiza a los fanáticos y se lleva por delante cualquier intento de cordura.

Parece que el tumor de Abidal será cosa de semanas. Qué respiro. De momento, el simpático defensa francés ya ha conseguido que la gente retome el pulso con la vida real. Qué bonito gesto el de las camisetas con su nombre al final del partido en Chamartín. Personas preocupándose por personas. Esa es la línea que ayudaría a evitar tanta mente contaminada. Desgraciadamente, pongo la mano en el fuego por una tercera parte de esta columna. Porque el respeto y la solidaridad llenan el espíritu. Pero no los bolsillos.

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