El patrón a la huelga y el obrero al foso

¡Cuánta razón tenían todos esos innecesarios profetas! Este país sin fútbol se consume, y ha bastado una semana de parón liguero para desquiciar por completo al personal. La estrella de este episodio cañí ha sido la amenaza de suspender la jornada liguera, con la (suponemos) previsible intención de terminar el campeonato el 32 de febrero de algún año bisiesto. Si, total, días sobran.

Con la dichosa “huelga-cierre-patronal-dame-argo-que-tengo-mono-de-seguir-despilfarrando”, los clubes reclamaban más pasta (gansa, que no macarrones) eliminando el partido en abierto con el fin de aumentar los beneficios televisivos. Pobriñas almas descarriadas, caramba, arruinadas hasta el cabello más estirado de sus cabezas por culpa del infernal encuentro gratuito.

De acuerdo que en las grandes ligas europeas no existe esta maravillosa opción de disfrutar sin abono un partido semanal. Pero, sinceramente, ¿a alguien se le enternece el alma ante veinte instituciones deportivas adictas al derroche crónico? ¿Qué función cumplirían esos milloncejos extra? ¿Más corrupción, fichajes inútiles o intermediarios acaudalados?

La LFP debería preocuparse en primer lugar de sanear el podrido sistema financiero en el que se ahogan sus miembros más destacados (y no tanto), en vez de apoyar la llegada de nuevos ingresos al vertedero contable que es el fútbol español. Una centena de millones de diferencia no nos sirve ni para rellenar las portadas de verano.

Al final hay Liga. Dicen que porque a una juez  le pareció lo más acertado. ¿Justicia, dice? Déjenme esbozar una ingenua sonrisa. Aquí sucede lo de siempre, que las matemáticas no fallan. Fútbol + Fútbol jodiendo a Fútbol = Fútbol jodido. Y pedir gusta mucho, pero mártir su suegra.

Para eso están jugadores como los del Rayo Vallecano, ejerciendo de becarios en prácticas desde hace meses. A un equipo arruinado no se le puede exprimir nada, así que con un fax de ánimo y alguna collejita amistosa es más que suficiente. Solidaridad sin billetes es una molestia innecesaria.

En nada se acabará el fútbol gratuito, descuide. Sin huelgas ni revuelos mediáticos. Alguien dirá: “ahora se paga todo”. Y pagaremos. Por desgracia, dramas como el de Vallecas no terminarán tan fácilmente.

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