Política deportiva II: Entre estrellitas y aguiluchos

Ganó el Real Madrid. No por simple este comienzo deja de ser novedoso. El club blanco se ha hecho con la Copa del Rey gracias a un precioso remate de cabeza de Cristiano Ronaldo, que con su tanto en la prórroga obliga a hincar la rodilla a un Guardiola que ya sabe lo que es perder una final con el Barça.

La semana pasada nos preguntábamos si Mourinho se atrevería a blindar el marco de Casillas, y la respuesta nos ha llegado  en forma de un trivote asesino al que los blaugranas todavía no han encontrado fisuras. Es poco agradable ver como una bestia mentalmente incapacitada (alias ‘mangas-cortas’ Pepe) se convierte en el encargado de liderar este Madrid de contra ataque. Pero con la Copa en la mano, póngase usted a discutir sobre la belleza del juego.

Triunfo muy meritorio para el Real Madrid, en un choque frenético, y fiesta en Cibeles en espera del desenlace de este combinado de Clásicos primaveral. Es de suponer que con esta épica victoria, muchas mentes sobrecalentadas hayan encontrado por fin su descanso espiritual y vuelvan a reiniciarse. La forma en la cual la prensa ha calentado este encuentro ha sido en ocasiones bochornosa, y deja al fútbol como una reunión de borregos fanáticos que un espectáculo de esta envergadura no se merece.

La última perla se pudo leer, entre otros lugares, de la pluma carroñera de un tal José Vicente Hernáez, del diario Marca. Siguiendo la línea editorial, la “noticia” (ojo a las comillas) recogía las supuestas agresiones verbales que Gerard Piqué realizó en el Bernabéu menospreciando la condición de españoles de sus compañeros. La espuma que debió salir de esa boquita de ave rapaz inundó los medios nacionales y, una vez más, sin prueba alguna que lo demostrara, un jugador catalán tuvo que defender su inocencia por los prejuicios de esta España de cavernícolas. No son los únicos, pero parecen presa fácil.

A mí personalmente me cansa. Porque amo el deporte, me estresa profundamente (una y otra vez)  observar cómo se le ensucia con tácticas deleznables. Banderitas e himnos, escudo infantil de vidas frustradas. Por un lado, unos cuantos pitando la Marcha Real para luego soñar con el triunfo en la Copa de Su Majestad el Rey de España. Oiga, si usted juega su competición, ¿por qué no respeta su himno?Intentar ganarse el respeto siendo irrespetuoso no parece un camino demasiado inteligente.

En el lado contrario, otros cuantos dejándose la garganta en insultar a los Pedro, Xavi, Piqué (¡qué bien funciona la telaraña mediática de manipulación!), Iniesta, Villa… Les cantan el ‘Qué viva España’ como si ofendiera a aquellos que permitieron a la Roja hacerse con el título de Campeón del Mundo. Insistir en la idea del Madrid como único miembro honorable del Reino desprende un tufillo a rancio que marea. Si acaso deberían probar con un fado.

Y entremedias, para darle sabor al combinado, esas cosas inútiles de colores (banderas, les dicen) adornadas con estrellas y águilas. Tal para cual. La Guerra Civil sigue robando mentes para su causa anacrónica, y la gente parece encantada de ahogar sus penas personales promocionando ideas neandertales que transforman la minoría en un altavoz gigantesco.

Pensamiento libre siempre, pero acompañado con grandes dosis de decencia. Los que estorban, aunque a veces pueda dudar, son los menos. Hacen ruido, pero se quedan en pelotas a poco que el raciocinio necesite imponerse. El fútbol es fútbol. El fútbol es fútbol. El fútbol es fútbol. Quizá repitiendo lo tengan más claro. Evite la indiferencia ante la manipulación. No deje que nos lo estropeen.

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