Un mundo de contrastes

La complejidad infinita de combinar dos realidades

Alegría y tristeza deberían tener una orden de alejamiento. Algo que les prohibiera por ley el pasear juntas por la calle de nuestra conciencia. ¿Río o lloro? ¿Río y lloro? ¿No río ni lloro? Sentimientos antagónicos que cuando se entremezclan producen un combinado agridulce que no acaba por saber a ninguno de los dos ingredientes.

El día de hoy estaba marcado como el de la exaltación de ese proyecto tan especial que ha germinado en La Masía. Tercer campeonato consecutivo para un grupo que está opositando a la eternidad año tras año. Nunca un “fin de ciclo” fue tan duradero. No nos cansaremos de repetir lo mismo una y otra vez. Es un momento histórico para el balompié por todo lo que rodea a esta bellísima historia deportiva. Y en España, por fortuna, lo estamos disfrutando más que nadie.

Fíjense si estaba marcada la fecha, que hasta Floren organizó su fiesta copera personal, con el noble fin de evitar que los blaugranas corrompieran al completo las portadas de los periódicos madrileñ… perdón, madridistas. Ni Ryanair se atreve a tales retrasos. A poco que lo hubiese alargado, ya habría podido arrejuntarlo con alguna del año próximo. El Madrid volverá a estar ahí, porque no existe el uno sin el otro. Pero como bien dijo Higuaín, ayer se hizo “el paripé de siempre”.

El día de hoy estaba destinado para la enésima trifulca entre los dos grandes. Para las portadas de Canaletas y ayuntamientos varios. Para el júbilo del triunfo, como aquellos de Osasuna, Deportivo, Málaga o Real Sociedad ¡Cómo se disfruta la Liga en los partidos decisivos! Tras meses con un binomio soporífero, ahora cada encuentro es una maravillosa lucha entre clubs con deberes atrasados. Esto es el fútbol que queremos ver en la que dicen mejor Liga del mundo. Una pena que haya habido que esperar treinta y seis jornadas.

Era un doce de mayo para soltar toda la adrenalina. Como esos aficionados béticos que saltaban al césped sabedores de que este año, aunque falte la confirmación matemática, el ascenso no se les escapa. Pero también era un jueves para la las penas y las decepciones. El Hércules dice adiós a Primera, mientras la Ponferradina y un histórico como el Albacete caen a la división de bronce. Lágrimas de seguidores que volverán a estar ahí para devolver a su equipo a lo más alto.

Esperábamos lloros y desilusiones. Pero de aquellos de los que uno se recupera rápidamente para enarbolar todavía más alto la bandera del equipo de sus amores. Lo que no tenía que suceder en esta mañana de primavera, lo que nos toca el alma donde más dolor produce, son las verdaderas desgracias que suceden en este mundo de contrastes.

Primero nos sacudió la muerte de Wouter Weylandt en el Giro. Un joven de apenas veintiséis años, con un hijo todavía en gestación, que perdía la vida tras una durísima caída en el Passo di Bocco. Otra noticia negra que empaña al mundo de la bicicleta, necesitado cada día más de alguna sonrisa que borre tanta lágrima derramada.

Más cerca todavía, la tragedia de Lorca nos dejaba sin habla horas antes de producirse el alirón liguero. Desde aquí les enviamos toda nuestra fuerza a unas familias que no pueden ni dormir tranquilas bajo el techo de sus casas. Para ellos la fiesta terminó a partir de un temblor eterno. Su campeonato particular en busca de la normalidad comienza ahora. Toda la suerte del mundo.

¿Reír o llorar? Se hace difícil, ¿verdad? Aunque quizá no haya que escoger.  Es posible que se pueda esbozar una sonrisa dentro de la tragedia, abrazando al espíritu dolido con un achuchón de felicidad. Tan poético como verídico. Para eso también sirve el deporte. Porque dentro de su maravillosa insignificancia, alcanza un poder con el que no pueden ni soñar remedios supuestamente más sofisticados.

Ayer descubrí que se puede reír llorando. A medida que la televisión retransmitía imágenes desde Pedreña, la solución llegó con la misma fuerza y elegancia de un swing de Seve. Se fue el primer grande de los nuestros. Pero dentro de la rabia que toda muerte adelantada produce,  el reconocimiento mundial a una leyenda que traspasa la frontera del golf, reconforta el alma de todo aquel que pudo disfrutar en algún momento con el juego y el carisma del cántabro más emblemático. Siempre hay motivos para la esperanza. Y la felicidad nunca sobra. Rían llorando. O lloren riendo. Es todo más fácil.

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