El Madrid se reencuentra en Lorca

Los merengues bajan de las nubes para cambiar rabia por felicidad

Lo de menos era el partido. No quedaba un asiento libre en la Nueva Condomina, donde el Real Madrid tuvo el noble gesto de disputar un encuentro en beneficio de los afectados por la tragedia de Lorca. Allí se plantó con todas sus estrellas, e incluso ‘espontáneos’ como el propio Chendo, devolviendo al balompié un protagonismo que se había empeñado en ensuciar los últimos meses.

Es un esperanzador broche para una temporada convulsa, donde más que títulos se ha tirado por la borda una imagen labrada durante años de diplomacia institucional. Quizá Florentino piense que puede educar a Mourinho. Mantenerle sus dotes estrategas eliminando su afición por caricaturizarse en rueda de prensa. El portugués ha conseguido hasta que el bueno de Casillas desee la sanción de un compañero de Selección para un partido en el cual no se juega nada. Que se pare la ruleta del odio. Ganará el Madrid y ganará el deporte en general.

La terapia de Lorca, que tan merecida tenía esa alegría deportiva, viene acompañada además por recuerdos agradables para el técnico luso. Son de aquella época donde ninguna maléfica conspiración arruinaba el trabajo del míster de Setúbal. El Oporto vuelve a triunfar en Europa tras siete años de sequía, y Mou tiene un digno sucesor en el jovencísimo Villas-Boas. Los portugueses han dado una lección de superioridad en la hermana pequeña de la Champions, con tres equipos en semifinales. Parabéns irmãos.

En el ambiente flota la típica depresión de final de temporada. Estamos deseando disfrutar ya de los últimos partidos, pero a la vez comenzamos a percibir ese preocupante vacío que provoca el fin de fiesta. Para agravar los síntomas Gasol nos deja sin finales, Stoner se pone rudo y el dúo Nole – Vettel nos está amargando los domingos. Qué fácil nos entra el tembleque en este país y qué pronto nos acostumbramos a los éxitos. Disfrutemos con esta generación de oro, aún les queda cuerda para rato. Para el deporte español, incluso ascendiendo un volcán en erupción, la vida se ve de color de rosa.

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