Dando una Vuelta

Nos adentramos en la serpiente multicolor a su paso por Pontevedra

Vuelta España 2011

Antes de  disfrutar con las terribles rampas del alto de L’Angliru, Diario Siglo XXI ha querido acercarse al mundo que rodea a la mejor prueba ciclista de nuestro país.  Nos acompañan un campeón del Tour de Francia, un reputado periodista y más de 50000 personas enganchadas a las dos ruedas. Bienvenidos a la Vuelta a España.

Todavía no he olvidado aquella primera vez. En aquel mágico 1995, Miguel Induráin visitó la Volta gallega para hacerme entender el porqué, a pesar de mis horas y horas frente al televisor, aún no sabía nada sobre el mundo de las dos ruedas.

Ver a Miguelón sobre su bicicleta, acompañado por decenas de compañeros de profesión, fue como un disparo de emociones en toda la sien. Como el busco a Jacq’s que publicitaban en el Giro pero mucho más real. Ese par de segundos de euforia me enseñó en solo una lección maestra la magia en vivo de un deporte único. El misterio escondido de una modalidad con el directo más breve pero de emotividad infinita.

En una época donde ensuciar el ciclismo parece que da premio, queremos rebelarnos y seguir soñando. Para reencontrarnos con esa ilusión exclusiva de las dos ruedas, y compartir con todos ustedes la experiencia, nos desplazamos a las Rías Baixas para vivir de cerca nuestra carrera estrella.

Movilizando ciudades
¿Se imaginan al Barça o al Madrid de rúa durante tres semanas? El poder que tiene la Vuelta a España es impensable para cualquier otra competición deportiva. A cada paso que da, la población entera se vuelca con un proyecto gigantesco, donde calles principales se cortan para acoger la enorme infraestructura que mueve esta competición.

Pontevedra solo había recibido la Vuelta en cuatro ocasiones a lo largo de sus 65 ediciones. La última hace ya más de tres décadas, y las ganas de volver a formar parte de la prueba fueron evidentes durante todo el transcurso de la decimosegunda etapa. Un día antes toda la marabunta de camiones, coches y vallas (muchas vallas) fortificaron la ciudad gallega.

“Intentamos que todo vaya bien. Somos los responsables de solucionar cualquier problema que surja” Terentxo es uno de los innumerables encargados del mantenimiento de esta competición. Una labor titánica si tenemos en cuenta la cantidad de elementos que se necesitan trasladar entre etapa y etapa. La Vuelta funciona a modo de gran circo, trasladando su espectáculo de ciudad a ciudad en una peregrinación difícil de imaginar si uno no se acerca a la carpa.

Una hora por un segundo
Recogemos nuestra acreditación en la oficina permanente que Unipublic dispone en cada llegada. Hay prensa de todos los países, tanto de escrita como de televisión y, por supuesto, radio. El acoso repentino del fútbol no ha contagiado, afortunadamente, a las dos ruedas. Una de las voces autorizadas de la Vuelta es Íñigo Markínez, corresponsal de la Cadena Ser para esta competición.

“Lo que hace especial al ciclismo es que es gratis para la gente, luego le da al público mayor movilidad y sobre todo que es un deporte de toda la vida. A pesar  de los escándalos del dopaje, las gestas que se viven en este deporte no se viven en ningún otro” Gratuidad y héroes. Una combinación explosiva que parece resistir cualquier ataque, incluso aquellos que llegan desde dentro.

Hace unos años se habló de cobrar entrada a los aficionados en determinados puntos estratégicos de las grandes competiciones ciclistas. Me acerco a meta dos horas antes de la llegada y sonrío pensando en semejante barbaridad. Niños y adultos ya están ocupando los lugares de privilegio con media etapa por disputarse. Su ilusión sí merece ser gratificada.

De todo un poco antes de los protagonistas
En realidad sentí algo de envidia. Pinchos varios yendo y viniendo, regalos promocionales volando indiscriminadamente y un par de speakers amenizando la espera. En mi curva de hacía dieciséis años uno tenía que contentarse con observar la pared de enfrente.  Con este despliegue las pilas duran mucho más.

Decenas de vecinos presumían de vistas VIP desde los balcones de sus respectivos pisos (imagine que se levanta un día y le plantan el final de etapa de una de las tres grandes del calendario internacional debajo de casa. Se reconcilia hasta con la suegra). Los aficionados más ‘terrenales’ comenzaban a desplegar su habitual parafernalia acústica de colores junto a pancartas de todo tipo. “Falta Ezequiel” decía una de ellas. Y el Xacobeo entero, si me permiten completarla.

Una pantalla gigante permitía disfrutar de la grandeza de este invento a pedales. Ponteareas, Mondariz, Redondela, Sanxenxo… Ojos como platos para ver a tus paisajes de toda la vida adornando el paso de la serpiente más famosa. Como el ‘Grand Prix del verano’ de Ramón García, pero sin necesidad de romperte el cuello en una piscina. Maravilloso.

Pedriño Sagan conquista Galicia
La tensión subía a cada kilómetro consumido. A pesar de diseñarse como día de transición antes de la alta montaña, el pelotón se tomó en serio su paso por las Rías Baixas. Irónicamente, las bicicletas serían los vehículos más veloces que atravesarían la urbe en años. Doblando el límite máximo establecido (esos “frenéticos” treinta km/h por ciudad), los corredores alcanzaron el repecho final en grupo.

La lluvia interrumpió su monólogo de la última semana para disfrutar desde las alturas con una llegada para los más rápidos. La gente disfrutó de un sprint precioso, donde el eslovaco Peter Sagan se hizo con otra victoria en la línea de meta. Quizá ese segundo mágico se redujo a la mitad ante la velocidad que alcanzaron los ciclistas. Pero por las caras de felicidad que brotaron por todas partes, supe que había vuelto a merecer la pena. El orgasmo de las dos ruedas nunca decepciona.

“A pesar de los palos que se lleva muchas veces, la gente cuando viene ve la velocidad y el riesgo que corren los ciclistas, la tradición de este deporte, y disfruta”. Nos lo contaba todo un ex-campeón del Tour de Francia. Óscar Pereiro fue una de las personalidades que se acercaron a la zona de meta una vez concluido el espectáculo.

En representación de la fundación que lleva su nombre, el campeón gallego quiso acercarse a Pontevedra para compartir con los aficionados un día muy especial para el ciclismo local. Una leyenda en su tierra que, eso sí, no le hace ascos a la jubilación. “A nivel deportivo no lo echo de menos. A veces tienes un poco el gusanillo de querer estar con ellos, pero justo cuando pienso en eso es cuando me viene el dolor de piernas y me digo: no, no, estoy mejor así”. Palabra de maillot jaune.

La función termina. La mudanza comienza
Cuando el público comienza a despejar la zona del podio, la gran caravana inicia la recogida de todos sus bártulos. Un frenesí diario que permite disfrutar a medio país de su encanto infinito. Toca devolver la normalidad a una ciudad que se ha ganado una espera mucho más breve para la próxima visita de esta competición.

Nadie puede compararse con el Tour de Francia, y posiblemente nunca sea posible (ni necesario). Como nos contaba Íñigo, “el Tour está por encima del bien y del mal. En Francia nunca te equivocas de carretera, solo tienes que seguir al público”. Pero la Vuelta a España está en el grupo de cabeza, y es nuestra obligación (deportistas, medios y afición) cuidarla para mantenerla atractiva.

La llegada de ASO (grupo Amaury Sport Organisation), organizadores de la ronda gala y la gran mayoría de grandes pruebas a lo largo del globo, debe suponer un nuevo paso hacia la globalización de una carrera legendaria. Merckx, Anquetil, Hinault, Rominger o Contador han subido a lo más alto del podio. Un lujo del que sentirnos profundamente orgullosos.

Pero más allá de los corredores, es la gente la que le da valor al ciclismo. La Vuelta necesita sentirse querida para seguir creciendo, y aunque la tradición nos impulsa a devaluar el producto casero, debemos aprovechar este momento dorado en el deporte para continuar impulsando nuestros campeonatos más representativos.

La España del Madrid y del Barça se ha quedado rancia. Aproveche este fin de semana sin balón para disfrutar de una de las competiciones más bonitas  y extremas que existen. Óscar e Íñigo, antes del pequeño desfallecimiento del italiano en La Farrapona, apostaban por Nibali. ¿Mantendrá Wiggins la excelente imagen dada en alta montaña? ¿Podrá todavía Purito dinamitar la carrera? L’Angliru aparece como la máquina de respuestas perfecta, sin olvidar los más de mil kilómetros que todavía esperan a los corredores. Qué gustazo de Vuelta.

[Artículo publicado en Diario Siglo XXI]

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