Nadie llora por Padilla

Reflexiones tras la estremecedora cornada del torero andaluz

Fue en el cuarto de la tarde. Un morlaco de la ganadería de Ana Romero estremecía el coso aragonés abriéndose camino con su afilado pitón entre las carnes del desvalido torero.

Se convirtió en la imagen del día, seguramente de la semana. La foto de la brutal cornada a Juan José Padilla estremeció el alma de todo aquel que no pudo evitar la curiosidad morbosa de una instantánea impactante.

La fortuna y la raza que caracteriza a los del traje de luces ha permitido que en apenas unos días se vuelva a hablar de la reaparición del jerezano, como si la profunda herida pasara a convertirse simplemente en otra marca más en el dañado cuerpo del torero.

Algunos le llaman vergüenza torera. Valor digno de alabanza. Lucha desigual. Entereza loable. Crueldad anacrónica. Derroche de casta. Despilfarro sangriento. Pasión cultural. Arte macabro. Algunos le llaman la vergüenza del toreo.

Mi primera reacción, una vez asimiladas las imágenes, fue automática. ¿Cómo verá el resto del mundo esta cogida? La fotografía que de nuevo iba a elevar a la tauromaquia al primer plano informativo no dejó espacio a la duda. Indiferencia hostil o compasión restringida fueron los sentimientos dominantes. Del “se lo merece” al “me trae al pairo” (en versión internacional), los foros no dejaban lugar a dudas: algo se está haciendo mal en la arena española.

Y es que no tenemos que salir de vacaciones para tomar conciencia. El toreo es una práctica que se ha quedado anquilosada en el tiempo, una herencia de la cultura de antaño que no ha sabido /querido renovarse para sobrevivir en los tiempos modernos.

Los responsables de dirigir el negocio han demostrado una capacidad de reacción más propia de una res jubilada, y tratan de enfrentarse al siglo XXI con el tradicional muro rancio de “esto es así – fue así – y será así porque sí”. Hay mil formas en las que convertir la humillación de un animal en un arte de riesgo, donde los de cuatro patas no sean víctimas de un asesinato programado totalmente contrario a los valores de una sociedad libre.

Cada año que pasa sin cambios es una nueva estocada al toreo. Una muerte lenta e inevitable ante el capote rojo de la solidaridad ciudadana. Padilla ha dibujado la metáfora final. Sin reformas, mejor que suene el último pasodoble.

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Una respuesta a Nadie llora por Padilla

  1. Mía dijo:

    Ole, ole y ole.

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