¿De verdad merece la pena?

En realidad, si usted a 22 de marzo todavía tiene los redaños de justificar al pandillero soberbio de Mourinho, poco se puede hacer para curar su fanatismo. Ofende al balompié y a quien lo seguimos con pasión. Ha conseguido desquiciar a la institución futbolística más laureada del planeta. En menos de dos años. Un récord fulminante que no habrá título que lo compense, al menos para quienes siguen disfrutando con el deporte.


Lo de Paradas Romero ayer no es justificable. Salió nervioso e intentó esconder su falta de autoridad con un reguero de tarjetas innecesario. Pero la respuesta del banquillo merengue (un espectáculo cada día más deprimente), convirtiendo el choque en una pelea de patio de colegio, no tiene cabida en algo que pretende llamarse deporte.

Quizá podrían echarle un vistazo a la reciente eliminatoria entre el Athletic Club y el Manchester United. Ni sumando el palmarés de ambos alcanzarían el número de campeonatos nacionales que relucen en el museo blanco. Pero la nobleza y amor por el balón que se vivió en esos dos partidos, que nos puso los pelos de punta, debería ser materia de estudio por todos aquellos que se han quedado con la simpleza de las copas de marras. Ya estamos aburridos de la feria de reproches. Así no tiene sentido.

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