Domingo de furia, clase y orgullo

Subcampeones Copa Davis (EFE)Es posible que hayamos compartido el momento. Levantas el puño con fuerza tras otra rotura de Ferru al saque de Berdych, ves el segundo punto en el saco y coges rápidamente el mando para volar de continente. Allí, sin tiempo para enfocar, España rompe la red brasileña y se adelanta en la final del Mundial de fútbol sala. ¿Estás de coña? ¡No hay garganta ni cuerpo preparados para eso! Te sale otro grito, un eco demente a oídos del que todo esto se las trae al pairo, pero ahora el ruido se entremezcla con la risa. Ni George Lucas había llegado tan lejos.

Por desgracia, el cuento no ha tenido final de Disney. Somos subcampeones de la Davis, subcampeones en el fútbol a cinco y subcampeones (¿o no?) en el tablero de Ecclestone. La combinación 3-2 nos ha traído por el camino de la amargura, en un constante coito interrumpido que ha dejado sabor agridulce en una época donde la exigencia del fan oportunista ha crecido a cada año.

Pero si a ti esto te viene de lejos, y tras excretar sobre la red checa durante unos minutos, estarás de acuerdo en que ha sido un día extraordinario. Ahí estaban buscando la sexta Copa Davis (¡¡la sexta!!) el grupo de la raqueta. Con Ferrer de Ferrer, porque ya es demasiado grande como para admitir comparaciones, en una pista donde quince años atrás hubiéramos ido de vacaciones. Y ahí estuvo la clase de David, un dobles maestro, y la furia de Almagro, aunque Stepanek no aguantara quieto en el fondo. El orgullo de un grupo que todavía amenaza con extender su monopolio. Vaya eliminatoria nos han dado.

En Tailandia buscábamos la tercera estrella. Mientras otros apenas han estrenado la suya, otros buscan tripletes frente a los de siempre. Y ahí también estuvo la furia para empatar un choque que pintaba feo, la clase para culminar la remontada y el orgullo de cinco finales del Mundial consecutivas. Estratosféricos.

A la F1 llegamos cansados (luego dirán que el aficionado de sillón no hace deporte…) pero la furia y la clase del bicampeón están fuera de cualquier debate. En esta ocasión el tres valía menos que el dos y lo de Brasil tendrá que ser Abu Dabi 2.0 para evitar lo que parece cantado. Pero el asturiano nos sigue llevando al más alto nivel de una competición que veíamos todavía más lejos que las pistas rápidas en tenis.

Ni las chicas de hockey pudieron superar el gafe, y sí, 3-2 contra Francia en otro título que se unió al club de la montaña rusa tras hacer inservible una ventaja de dos tantos.

Pero me quedo con la risa del principio, con la adrenalina y la emoción eternas, los lamentos, los ¡¡vamos!!, las vueltas sin sentido alrededor del salón, los puños al aire, las rodillas en el suelo, la enorme fortuna de poder disfrutar de maneras tan diferentes, con gente tan distinta, en un sueño comprimido por una tarde mágica. A todos ellos, gracias por la furia, la clase y el orgullo. Impagable.

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