Los cinco muros que han frenado Madrid 2020

Madrid 2020De nuevo habían conseguido contagiar a la gente. Como en los dos últimos intentos, la candidatura de Madrid volvía a llevar la sonrisa a millones de personas henchidas de una ilusión que apenas duró los segundos en los que se produjo la primera votación. ¿Por qué de nuevo?

1) Estrategia geográfica: Si algo ha dejado claro el COI durante su historia reciente es que los Juegos Olímpicos deben llevarse a todo el mundo (rico). Ese objetivo de expandir el proyecto ha dejado una ley no escrita que asegura la rotación de continentes a cada nueva ciudad elegida. El organismo olímpico, en un alarde de hipocresía injustificada, siempre se ha encargado de negar la evidencia, mientras los más ingenuos continúan malgastando esfuerzo y dinero a partes iguales. Si bien en esta ocasión no fue tan obvio como la surrealista campaña de Madrid 2016, había pistas muy grandes que tampoco dejaban espacio a la sorpresa. París se presentó por la de 2012 y se retiró a pesar de haber sido la favorita. ¿No es sospechoso? Para los Juegos de 2024 habrá una pelea feroz en Europa, y un Madrid de cinco aros era algo inaceptable para las aspiraciones futuras del Viejo Continente. ¿Tan difícil es ponerlo por escrito?

2) Estrategia económica: Aunque cada cuatro años veamos la bonita ceremonia de encendido de la llama en Olimpia, tan sencilla como austera, al COI le gustan los proyectos faraónicos. Solo así explicamos que las últimas ciudades elegidas apenas hayan necesitado presentar sus ideas de forma virtual, acompañadas de un soporte financiero que, de alguna forma, garantiza que se llevarán a cabo. Madrid lleva aburriendo con lo del 80% unos cuantos años. Es obligatorio vender ilusión, modernidad, y cierto preciosismo virtual que deje contentos a las acomodadas mentes de los miembros con derecho a voto. El vídeo de las instalaciones madrileñas ha sido desolador. Un paraje semidesértico donde edificios más propios de un polígono industrial se amontonaban en una especie de reciclaje de infraestructuras. Es un pecado tener maravillas como la Caja Mágica y atreverse a enseñar simplemente una fría imagen cenital. Por lo menos se añaden un par de árboles por ordenador. Cualquier cosa que no diga “estamos mal, pero somos muy aprovechaditos”.

3) Estrategia política: Es un juego. Una lucha de poderes, armas seductoras frente a unos miembros acostumbrados a más poder del que debieran. Resulta vergonzoso que el voto sea secreto y nadie tenga que dar explicaciones. Promesas sin valor que violan el espíritu olímpico. Si no salen a la luz es por evitar la evidencia de que cada cual lucha por sus interés, y el bien común vale menos que el diploma que recibe cada candidatura. ¿Para qué sirve el informe previo del COI? ¿Para promocionar otras barrigas bien alimentadas? España está en pausa, tan desorganizada que ni una guerra ni un desastre nuclear sirven para darle fuerza. A Tokio le sobraban apoyos entre los propios y los contrarios a sus rivales. Entre el sí y el no hay mucho más que un proyecto. Todo el día en Buenos Aires no paró de repetirse el “gracias por”, “muchas gracias por”, “enhorabuena por”, “fantástica”,… Literatura prefabricada de un sistema fariseo de sonrisa de frente y puñalada con una máquina de votación. Una vez más, la política saca su ego para invadir territorios que no le pertenecen. Una vez más, los deportistas serán los únicos que den sentido a todo esto.

4) Dopaje: Fue el tema estrella en las preguntas finales, y ha sido una de las excusas más potentes para quitar de en medio la socialmente incorrecta realidad de los tres puntos anteriores. Si bien Tokio tiene más dinero y poder político (y aquí termina la historia), la carrera a trompicones de España en la legislación antidopaje no ha ayudado. Intentar hacerlo bien, cuando es tarde y no sabes cómo hacerlo, tiene muchas veces consecuencias desagradables. La Operación Puerto es un jugoso proyectil demasiado reciente como para no ser utilizado en contra de los intereses madrileños. Objetivamente el problema de España con el dopaje es puramente administrativo, pues los positivos de sus deportistas internacionales no destacan por su número. Pero Madrid erró al no meter el dedo en la llaga desde el principio. Con más intensidad y sin esconder procesos o nombres. Tokio no se cansó de hablar de Fukushima desde el primer minuto. Dejar que los demás pregunten es condenarse a quedar en una posición complicada. De todas formas, aferrarse a esto es tanto como decir que no se gana en Eurovisión porque la canción no es buena. Son cosas que se deben mejorar, pero que no provocan grandes cambios.

5) Inexperiencia congénita: Ya toca ver si el agua está turbia antes de tirarse. Una cosa es que el juego guste más o menos, y otra vivir en un mundo de fantasía particular. Es fundamental analizar con frialdad las posibilidades y ser realistas con la situación del país y sus prioridades. Los Juegos son una ilusión tremenda para cualquier población, haya más o menos escépticos de antemano. Pero Madrid se ha jugado dos intentos con balas de fogueo, y ha perdido pista de cara al momento verdaderamente crucial, 2024. Con el dinero invertido hasta ahora, ¿con qué se justifica una cuarta intentona?. Sería obligatorio una remodelación completa de la candidatura, reorganizando las formas de actuación. Más patrocinadores y más espectáculo. El nuevo modelo de austeridad que se ha propuesto ha sido un fracaso estrepitoso. Pero, ¿puede Madrid asumir el  exigente peaje olímpico una vez más?

Artículo publicado originalmente en Diario Siglo XXI

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