¿Qué hay más allá de la Décima?

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Vestían camisetas de la época de Solozábal, gastadas seguramente en un derroche tras otro de ánimo incondicional al equipo de su vida. Dos amigos de mediana edad, uno entrado en carnes, con barba descuidada y aspecto rudo; el otro añorando el pelo craneal, con menos presencia física pero el mismo espíritu destrozado. El metro estaba a rebosar, con tertulias de todo tipo animando el ambiente. “¡Pero lo que no se podía era dejar rematar a Ramos, a él no!”. Alegría y tristeza entremezcadas que parecían estar a miles de kilómetros de esta pareja de colchoneros. No había palabra entre ellos, apenas algún gesto esporádico. Los ojos vidriosos y rojizos del hombre más voluminoso se reflejaban como en un espejo en el cristal negro del vagón. Me quedé mirándolos durante un buen rato, absorbiendo el dolor extremo y asombrado por el contraste brutal entre lo intimidante del físico y la fragilidad silenciosa de un sentimiento inconsolable.

PREVIA

CRÓNICA

Ha sido cruel. Terriblemente cruel. Tan agudo y contundente que parece premeditado. Con los fantasmas de Heysel sobrevolando Lisboa, Sergio Ramos se elevó más que nadie para fortalecer la espina atlética de hace cuatro décadas, incrustándola tan dentro que parece imposible que alguien pueda ya extraerla.

Cuando un equipo celebra el décimo trofeo en una competición, es fácil que la noticia esté en la derrota. Y si el guión se transforma en un cuento negro de final irónico, intentar comparar la fortaleza y persistencia entre la risa y el llanto no tiene sentido.

Ello no quita la fecha histórica que se vivió en el estadio Da Luz. Diez trofeos (seis copas de Europa y cuatro Champions League) para un equipo que ha puesto la pegatina de inalcanzable bien visible para el resto de (lejanos) perseguidores. El Real Madrid es leyenda del balompié, y ha conseguido combinar con éxito tradición con economía en un producto que va más allá del deporte en sí. Con la llegada de Florentino el club merengue se ha convertido en una empresa de sueños, basada en el capital pero capaz de mantener viva de alguna forma la sensación de competitividad que necesita toda actividad deportiva.

Mucho se podría hablar de la conveniencia de un empresario puro y duro dirigiendo a un grupo de deportistas, pero una vez que el fútbol no es capaz de frenar las diferencias de cartera es digno reconocer que las cifras que ha conseguido manejar el Madrid no las ha conseguido generar ningún otro equipo en el mundo.

Y en la parte deportiva, la única que va a formar parte del mito, estamos ante un equipo devastador, al que el Atlético solo logró contener tras un poderoso muro, que acabó por despedazarse ante el primer agujero merengue. Sergio Ramos (¡qué maravilla de central!), Casillas (el gran capitán, aunque se haya tirado de la moto con un “mejor que la Copa del Mundo”, menos mal no tiene cuna catalana…), Di María (calidad, calidad y más calidad), Cristiano, Ancelotti… Un grupo que está por derecho propio en los altares del fútbol, con una copa que el madridismo ha celebrado en el mejor de los momentos.

Tras la etapa inédita en triunfos y juego de su eterno rival, el Real Madrid vuelve al trono con su trofeo más preciado, recuperando el sitio que por palmarés nunca ha abandonado. Pero el deporte es presente, y el madridismo clamaba por un derroche de adrenalina de este tamaño.

Ahora viene la resaca de haber logrado el sueño más repetido. Para el Atleti, terapia intensa para mantener un proyecto que tiene el reto gigantesco de no solo estar, si no mantenerse.

En el Bernabéu se sigue soñando con otra Liga, con otra Copa, con otra Supercopa… ¿alguien duda que no habrá hambre de undécima? Las vitrinas blancas tienen espacio ilimitado. Y en el Calderón, en esa grada ejemplar, seguirán estando con toda su pasión aficionados como la pareja del metro de Lisboa. Estuvieron cuando empató el Madrid, estuvieron cuando encajaron tres seguidos, y por supuesto que estarán después de verano. Porque en el Manzanares más espinas solo obligan a latir más fuerte.

Atlético pasillo Madrid

Una fiesta del fútbol español entre dos extraordinarios equipos (FRANCISCO LEONG / AFP)

 

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